¿Cómo debo respetar la intimidad de mis hij@s? Proteger, no invadir.

Pasan tiempo encerrados, solos con sus pensamientos. El diálogo con la familia es confrontativo y todo se vuelve un caos. El paso de la niñez a la adolescencia significa un momento de transformación constante que afecta la dinámica y convivencia familiar.

Invasión vs. libertad

Una típica situación que se repite entre los padres de adolescentes es revisar las pertenencias de estos y la habitación, como un intento de darse respuesta a las preguntas sobre sus vínculos y búsquedas. Encontrar el equilibrio es uno de los puntos a trabajar en esta etapa. 

“Los padres quieren invadir el territorio de sus hijos. Pero también te encontrás con padres más liberales y sumados al ritmo de vida, que no les prestan atención al presente que ellos viven. Todo esto tiene un correlato cultural y generacional. Los padres de hoy son más liberales, aunque viven con miedo todo el cambio de los adolescentes”, sostiene la psicóloga Florencia Vitale especialista en adolescencia. 

–Por lo general los adolescentes son solitarios y se retraen en la relación con sus padres. ¿Cómo continuar la dinámica familiar sin invadir su espacio?

–El espacio es súper importante. Que tengan un lugar donde se encuentren ellos mismos, sus pensamientos, sus sentimientos. Necesitan independizarse. Hay un “duelo” que se genera en la adolescencia con los padres. Una lucha interna entre la independencia y la dependencia de ellos.

Por eso es necesario que tengan su lugar, sus identificaciones en la música o expresiones artísticas. Los adultos lo ven como algo banal, pero en su mundo necesitan crear. Necesitan un espacio para aislarse porque ellos se están pensando, construyéndose en su personalidad.

–¿Cómo pueden actuar los padres para conocer todo sobre sus hijos?

–Tienen que priorizar el diálogo, la comunicación y brindar seguridad. Trabajar desde los factores protectores, que es todo lo que cuida y previene.

Trabajar el decir “no”, en el caso de las adicciones. Respetar sus propias decisiones y percepciones. A veces es inevitable que los papás revisen las cosas de sus hijos, pero lo ideal sería que no ocurra.  

La sexualidad

La visión de los sujetos frente a la realidad y las relaciones cambió, pero aún muchos padres siguen teniendo prejuicios y cierta reticencia a dialogar con sus hijos sobre sexualidad y adicciones.

–Los chicos y chicas tienen una transformación biológica inevitable, ¿cómo lograr el respeto del propio cuerpo y la intimidad?

–Hay todo un tema con el descubrir sexual y la masturbación. Es algo que no se habla entre padres e hijos. Para los grandes es un horror. Pero ellos se están conociendo, viviendo distintas sensaciones y es algo normal. En el caso de la sexualidad hay que trabajar el diálogo a partir de lo que ellos saben. Porque los padres no tienen todas las respuestas para darles. Hay que buscar información juntos si es necesario. Darles seguridad y crearles confianza a través del afecto y cariño. Hay que tener en cuenta que la sexualidad es una construcción que se da a lo largo de la vida.

Prohibido prohibir

El “no” siempre está antes que la aceptación en la relación parental. Ayudar a fortalecer la autoestima y distinguir entre “querer” y “deber” es un punto de inflexión en el vínculo que influirá en disminuir la confrontación constante. “Los padres tienen que pensar y trabajar desde lo positivo, de reforzar su autoestima, que reconozcan lo valorados que son. De esa manera ayudás a que los chicos se sientan seguros y no recurran a otras cosas como escapatoria a sus conflictos. También tienen que propiciar actividades que favorezcan el desarrollo personal y cerebral”, concluye la especialista. 

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