Mi hijo no quiere jugar fuera de casa

Hemos perdido algo tan sano para la infancia como salir a jugar a la calle. La culpa de que se haya extinguido esta costumbre está bastante repartida: en parte se debe a la inseguridad, aunque también un poco por la sobreprotección de los padres; en parte a que llenamos la agenda de nuestros hijos con actividades y apenas queda tiempo libre; en parte a que la tecnología acapara tiempo de juego, algo que no existía hace treinta años; y también en gran parte a que las ciudades y los pueblos no están pensados para los niños.

El «Me voy a la calle a jugar» es una frase que ya no existe en el vocabulario de nuestros hijos, una costumbre que deberíamos recuperar como sociedad y conseguir que forme parte de sus vidas. Porque que los niños jueguen en la calle tiene grandes beneficios para ellos.

Por qué es bueno para los niños jugar en la calle

Al contrario de lo que piensa mucha gente, jugar en la calle es sano y necesario para los más pequeños. Al prohibirlo o evitarlo, estamos robando parte de su infancia. Jugar en la calle es positivo para los niños porque:

  • Juegan con otros niños: sociabilizan, aprenden normas. No hace falta quedar ni organizar nada. Simplemente se juntan en la calle después de merendar y hacer los deberes.
  • Juegan al aire libre: cada vez más los niños están encerrados en casa frente a una pantalla. Salir a la calle es una manera de recuperar el juego al aire libre, un espacio abierto que llena los sentidos y estimula a los más pequeños a aprender y divertirse.
  • Practican ejercicio físico: juegos de persecución como el escondite, saltar a la comba, al balón, bicicleta, patinete… Los niños dejan de lado el sedentarismo y se mueven mientras se divierten jugando con otros niños, contribuyendo además a prevenir la obesidad.
  • Descargan energías: salir a la calle hace que liberen las tensiones del día, sin estar sometidos a directrices. Así también se cansan y duermen mejor.
  • Favorece su autonomía: por supuesto, siempre que consideres que tu hijo está preparado, salir solo a la calle le hará ganar autoconfianza y seguridad en sí mismo.
  • Juegan sin control, viven experiencias: como dice Tonucci «hacer tonterías a la edad justa ayuda a crecer, pues vivir la emoción de superar un obstáculo, o la frustración de no lograrlo, es fundamental para el aprendizaje». Si esto no se hace en la niñez, «se vuelve en trasgresión en la adolescencia, y ahí si hay un verdadero riesgo», afirma.

No podemos estar más de acuerdo. Pero los padres solos no podemos si las autoridades no ayudan. A ver si escuchan a los que saben y nos ayudan a todos a recuperar y adaptar las calle para los niños. Porque la ciudad que es buena para los niños es buena para todos.

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